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Relato Travesti Ladyboy.Un adicto a las Diosas del tercer sexo postrado ante su preciosa ladyboy.


RELATO TRAVESTI: Ladyboy.Un adicto a las Diosas del tercer sexo postrado ante su preciosa ladyboy.

Autor: David_Darwin

Saludos a todas y todos.

Hace tiempo que no participo en el foro, así que me presentaré: soy chico madrileño de 37 años, adicto a las Diosas del tercer sexo.
Recientemente tuve una experiencia en mi casa con una crossdresser, y me apetecía relatar la experiencia, o una parte de la misma al menos. En una adaptación más o menos fiel a la realidad, pero con las licencias literarias que he considerado oportunas.

Es un relato bastante normalito, sin prácticas extremas que pudieran provocar rechazo en el lector. Aunque predomina el fetichismo.
Ojalá lo disfrutéis.
Gracias
Un cordial saludo.

A las seis en punto, el sonido del timbre me ha provocado un vuelco al corazón… temblando abro la puerta, y estás tú: toda una mujer, femenina, preciosa, una princesa, una diosa, un ser tan bello y excitante que mi cuerpo te recibe temblando y mi corazón bombea como loco, haciendo que me zumben los oídos. Nos saludamos tímidamente, tú estás un poco cohibida, y te quedas callada. Yo sólo quiero que te relajes y hacerte sentir cómoda y a gusto, que te desinhibas y te entregues a la lubricidad. Pasamos a mi habitación, y despacio, delicadamente, terminamos abrazándonos. Siento tu cuerpo pegado al mío, mi excitación se dispara. Acaricio lentamente tu espalda por encima de la ropa, te cojo el culo en mis manos y me detengo un momento inmóvil, con los ojos cerrados, disfrutando plenamente de la sensación de tener ese apetecible culito de nenita en mis manos. Te acaricio mientras hundo mi cara en tu cuello, pegando mi nariz a tu piel y aspirando profundamente tu aroma de mujer, dándote delicados besitos por todo el cuello, las orejas, la cara…

Te tumbo en mi cama, todavía vestida, y te ayudo a quitarte una a una, y delicadamente cada una de tus prendas de ropa. Mientras te voy despojando de tu atuendo de niña buena, te acaricio por todas partes, lentamente, palpando tu cuerpo, deslizando mis manos por tus hermosas piernas, tus caderas, tus brazos, tu cuello, tu primorosa cara de muñeca, disfrutando de cada segundo, concentrándome en gozar con mis cinco sentidos de tu cuerpo, de tu presencia, de tu arrebatadora belleza, de tu excitante morbo. Lo único que existe en el universo en este momento eres tú. Mis teléfonos desconectados, no veo ni la habitación, ni pienso en nada que no sea aprovechar este regalo del cielo y gozar al máximo mientras hago disfrutar a mi diosa. Te cubro todo el cuerpo de besos, restregando mis labios, mi nariz, mi cara, por tu suave piel, embriagándome del perfume, del terso y cálido tacto, del delicioso sabor de tu piel. Jadeas excitada, de placer y de miedo.

Tu cuerpo transpira unas gotitas de sudor, y muy despacio las recojo con mi lengua, notando su excitante sabor salado. Son como perlitas de un elixir propio de una divinidad, delicioso. La sangre bombea en mi cabeza, haciéndome sentir un poco mareado, como si estuviera borracho o bajo los efectos de una droga. Y estoy bajo los efectos de ti, que alteras mi consciencia y mi percepción, como una droga, pero sin intoxicarme o anular mis sentidos: transportándome a un estado de excitación y entrega absolutas. Me siento flotar, mi cabeza da vueltas, mi respiración entrecortada cada vez es más profunda. No lo soporto más y me pego a ti, manoseándote con fruición, mientras voy deslizando mis labios hasta colocarlos sobre los tuyos. Permanecen pegados unos minutos, provocándome oleadas de placer, como si fuesen ligeras descargas eléctricas.

Nuestras bocas se funden en un apasionado beso mientras restregamos nuestros cuerpos y yo te acaricio por todas partes, deteniéndome en tu entrepierna. Tú jadeas excitada, perdiendo como yo el control. Yo me bebo tus gemidos, notando tu aliento entrando en mi boca, y sin poder contenerme más, froto mi lengua con la tuya, entrelazándolas en un lúbrico beso, saboreando tu deliciosa y finísima saliva, sintiendo que todo mi cuerpo, mi voluntad, mi consciencia, están dedicados a gozar al máximo de esa maravillosa experiencia, a provocarte placer y notar como tu placer me entra a mí por los poros de la piel y me transporta a un éxtasis como nunca había sentido. Continúo recorriendo cada rincón de tu magnífico cuerpo con la punta de mi lengua, tu cuello, tus axilas, tus brazos… me detengo en tus pezones. Los acaricio con la punta de la lengua, notando como se ponen duros como una piedra, y procedo a succionarlos con mis labios, mientras froto toda mi lengua caliente. Primero uno y luego el otro, sin dejar de acariciarte, enloquecido por la arrebatadora música de tus sensuales gemidos de hembra en celo, abandonada a la comunión de nuestros cuerpos.

Finalmente, me voy agachando y me concentro en tu entrepierna. Después de acariciar con lujuria tu sexo por encima de tus braguitas, hundo mi cara en ellas y aspiro profundamente tu embriagadora fragancia. Te bajo las bragas con mucha delicadeza, haciendo saltar tu miembro, y vuelvo a restregar mi rostro por ese sexo. Exuda un olor intenso y limpio, como el de un jardín de rosas, ya no soy dueño de mí mismo, sólo puedo empezar a lamerte de arriba abajo tu miembro rosadito y apetitoso, tan hermoso y delicado como la más bonita de las flores. Recorro tu paquetito con mi boca, noto como se encoje y se te pone la piel de gallina al paso de mi lengua, que se desliza recogiendo su sabroso gusto. A continuación, procedo a centrarme en tu colita y después de cubrirla de besos y jadeantes lamidas, me la introduzco entera en la boca, la sorbo, la chupo, estimulo con mi lengua la punta, me dedico a proporcionar un masaje oral a tu sexo, arrancándote gritos de placer.

Después te ayudo a tumbarte boca abajo y procedo a adorar tu culito, esas nalguitas blancas y redonditas, las beso, las mordisqueo con dulzura, las acaricio. Abro muy lentamente los dos carrillos de ese monumental trasero y me quedo paralizado observando el anillo repujado de tu agujerito, rosado y lozano, parece una obra de arte, el hoyito propio de una diosa. Sujetándote las nalgas con mis manos y separándolas bien, entierro mi nariz en ese recoleto orificio, inundando mi nariz con su aroma celestial. Lo cubro de besos apasionados, lo recorro arriba y abajo con mi lengua, y por fin la introduzco en el agujerito hasta el fondo, recogiendo su deleitoso sabor y haciendo que te retuerzas de gusto.

Permanezco estimulando tu cuevecita hasta que enloqueces de placer, y entonces vuelvo a dedicarme a tu maravilloso sexo, acariciando el tronco y tu bolsita con mis manos, arriba y abajo, en un masaje suave pero constante e intenso, mientras devoro el mástil deslizando mis labios cada vez más rápido, introduciéndomelo hasta la garganta y sacándolo, una y otra vez, sin parar, cada vez más rápido, mi lengua juguetea con la base de la punta, tu cuerpo se convulsiona y en medio de espasmos, vacías en mi boca tu delicioso néctar, que se estrella en mi paladar como una fuente de agua limpia y briosa, mi sentido del gusto se empapa de su refinado sabor y lo mantengo en mi boca unos instantes para prolongar esa sensación, antes de beberme hasta la última gota, consumando mi éxtasis como si estuviese recibiendo el sacramento de una divinidad, comulgando con tu jugo, sintiendo como se escurre por mi garganta y entra a formar parte de mi cuerpo bendiciéndome.

Permanezco unos instantes observando con solaz tus últimos espasmos…

Luego te traigo un vaso de agua y te dejo recuperarte, antes de seguir…



Added on February 09, 2017 at 12:00 am

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