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Relato Travesti Safira - Empalado por Safira Gam en Barcelona


RELATO TRAVESTI: Safira - Empalado por Safira Gam en Barcelona
Autor: Badmotor2008

Tercer domingo de junio. Media tarde. Estaba de paso en Barcelona. Ciudad donde la oferta de chicas trans es sensacional. Solo tengo tiempo de quedar con una de ellas. Tengo en mente varios nombres y llamo para ver si hay suerte. Mi primera opción no es posible. Hablo con ella y me explica que se encuentra cansada y ese día no está trabajando. Por cierto, es forera. De mis otras opciones, solo una me coge el teléfono. Se trata de Safira Gam. Está en mi agenda desde hace mucho. Me encantan las trans negras. Dicen de ella que es espectacular. Guapa, alta y dotada. Al teléfono hay sintonía. Se muestra simpática. Además, recibe cerca de donde me encuentro. Me da la dirección exacta y quedamos en media hora. Decido ir caminando.

Ensanche izquierdo, cerca de la Gran Vía. Llego a la hora exacta y llamo desde el portal. Me pide 5 minutos para acabar de arreglarse. Me doy una vuelta para no quedarme en su portal. Pasado el tiempo, vuelvo a marcar su número. Me abre y me da el piso. En cuanto salgo del ascensor, se abre la puerta de la vivienda. A diferencia de lo habitual, Safira no se esconde tras la misma. Me sonríe y me invita a pasar. Impresiona por su exótica belleza y su altura. Lleva solo un picardías rojo y taconazos que realzan su cuerpo aún más. Se agacha levemente para darme dos besos. Me saca unos cuantos centímetros. Resoplo. No puedo evitar decirle lo guapa que está y que me impacta su altura. Confirmo lo que había leído de Safira. Es una trans con un físico que impone. Y ella lo sabe, destacando con orgullo sus medidas en los anuncios: 190 cm sin tacones (con ellos, supera los dos metros), 150 cm de pecho y 23 cm de dotación. Te las recuerda cuando hablas con ella por teléfono. Las fotos de sus anuncios muestran a la chica que tengo ante mí. Pelo suelto y liso. Labios rojos. Uñas largas, también en rojo intenso. Sonríe al mirarme. Me toca. Buenas sensaciones. Parece que nos gustamos.

Me conduce por el pasillo hasta su dormitorio. Finca regia típica de la zona. Techos altos y pavimento de mosaico. Su habitación da a la calle principal. La luz directa es escasa. Las contraventanas proporcionan intimidad. Hay varios puntos de iluminación artificial. Uno cálido en las mesitas de noche y otro en tonos verdes de una lámpara con forma de cubo en el lado opuesto. Cama grande en el centro. En el cabecero, un espejo ocupa todo el ancho de la cama. Ordenador portátil en la mesita lateral. Veo que hay un vídeo porno preparado para arrancar. Dejo mis cosas y nos sentamos en la cama. Hablamos. Me toca mientras lo hace. "¿Qué quieres hacer?"... pregunta ella. “Con lo buena que estás, pasar una hora contigo”... respondo. Le explico que llevo todo el día de viaje y que me gustaría ducharme. “Por supuesto”... dice ella. “Además, así te relajas”... añade. Intento pagar y me dice que no, que lo haga cuando me haya duchado. Me da una toalla limpia y me acompaña hasta el baño. “Cuando estés listo me llamas”... dice al cerrar la puerta. Una vez duchado, salgo con la toalla en mi cintura y me la encuentro por el pasillo. Nos vamos juntos hasta el cuarto. Por cierto, no es un piso nuevo pero está todo limpio. Hay orden.

Volvemos a sentarnos en la cama. En primer lugar, abono el servicio. Safira se quita el picardías y los tacones, quedando desnuda ante mí. Me encantan sus tetas. Talla grande. Pezones oscuritos y abultados. Su herramienta, está en reposo. Me acerco a su cuello y huelo. Saco la lengua y lamo su piel. Ella empieza a meterme mano. “¿Qué te gusta hacer?”... escucho. “Me gusta todo pero prefiero ser pasivo”... respondo. Por la expresión de su cara, le gustan mis palabras. La toalla en mi cintura molesta. Me la quito y la tiro al suelo. Las manos de Safira acarician mi pecho. Pellizca mis pezones. Los muerde. Mi erección se dispara. Agarra mi polla con su mano y pajea. Yo hago lo mismo con la suya. Enseguida empieza a crecer. Al sentirlo, no puedo evitar atraparla entre mis labios y empezar a chupar. Sigue creciendo, pero dentro de mi boca. Safira gime de placer al ver que me la trago entrega. La saco totalmente ensalivada. Su tamaño asusta. En reposo se curvaba hacia abajo, pero en erección es totalmente recta. Muy larga. Sección constante. Grosor normal. Ahí podría ganar yo. Golpeo mi polla contra la suya. Me encanta hacerlo. Nos pajeamos mutuamente. “Vamos a hacer un 69”... me dice. Nos colocamos de lado y encajando nuestras pollas en nuestras bocas. Cada vez me gusta más esta postura. Por momentos, hago una pausa para ver como engulle mi polla. Buena técnica. Meto su misil en mi boca. “Así, así. Pónmela dura”... escucho. Escucharla me anima a tragármela hasta sus pelotas. Llegan arcadas pero me da igual. Al tiempo que me la chupa, empieza a jugar con sus dedos en mi culo. Cuando los mete, me pone a mil. Se va a la mesita y coge un condón. Se lo pone, se tumba boca arriba y lubrica. Su herramienta está preparada. “Siéntate en mi polla”... me dice. “Entras, te relajas y te follas tu mismo”... añade. Coloco un pie a cada lado suyo y levanto mi culo mirándola. Ella está tumbada, sujetando su pollón con su mano. Siento el contacto de su punta y me dejo caer. Lo hago poco a poco. Parece que entra bien. Sigo bajando hasta sentarme sobre ella. Empalado por Safira. Ahí siento un pelín de daño. Mi culo no está acostumbrado a estas profundidades. Cambio la posición de mis piernas, apoyando mis rodillas en la cama juntándolas a su cuerpo. Es decir, quedo sentado sobre mis talones. La postura es mucho más cómoda así. Ella agarra mi polla con su mano. Empiezo a moverme con suavidad. Ella permanece quieta. Solo mueve la mano para pajearme. Según voy dilatando, subo el ritmo. Me excito mucho. “Tengo que parar un rato”... digo. “Si sigo así, me corro”... añado. Y es verdad. Hacemos una pausa. Eso sí, con su polla en mi culo. Con la situación controlada, vuelvo a follarme. Safira rodea mi cintura con sus manos y empieza a moverse. Ahora es ella quien me folla y eso que está tumbada en la cama.

Salgo del todo. Se quita el condón comprobando que todo está en orden. Se pone de rodillas en la cama y me ofrece su polla. Engullo con placer. Se calza un nuevo condón y me manda ponerme de pie en la cama. Ella está frente a mí, con sus pies en el suelo. Junto mi cuerpo al suyo, me agarra de la cintura y me la mete. “Cruza tus piernas sobre mí”... me dice. Quiere follarme en el aire, aguantándome ella. Lo hace, pero su polla escapa de mi culo. Cambia de opinión. “Ponte a cuatro patas”... escucho. Me doy la vuelta y espero su enculada. Safira se ha adueñado de la situación. Agarra mis caderas y me penetra hasta el fondo, haciéndome chillar. Su polla es tan larga que noto un pinchazo cada vez que embiste. Mis gritos la ponen más cachonda. Me lo dirá en la charla posterior. En lugar de aflojar, me folla cada vez más fuerte. Besa mi cuello y muerde mis orejas. Empiezo a sudar. Safira limpia el sudor de mi espalda con su lengua. Está cada vez más excitada. Y más dominante. Miro adelante y me veo reflejado en el espejo. Tras de mí, el cuerpazo de la amazona dándome. Me pone su cara de vicio. Embiste tan fuerte que acaba tumbándome en el colchón. Me aplasta con el peso de su cuerpo y sigue follándome. Siento un poco de daño pero me gusta. Me siento violado. Empuja mi cabeza contra la almohada y sigue dándome sin piedad. Grito más fuerte y le da igual. Con su potente mete-saca, desaparece toda molestia. Eso sí, me deja el ojete insensible. Y así me tiene, jadeando hasta que ella quiere.

Cambio de posición. Me tumba boca arriba y coloca cojines en la parte baja de mi espalda. Levanta mis piernas con sus manos y me la clava de frente. Me folla con fuerza. Agarra mi polla y masturba. La tengo durísima. Introduce los dedos de su otra mano en mi boca. Manoseo sus tetazas. Pellizco sus pezones. Safira está cachonda. “Me encanta tu culo. Tengo ganas de correrme en él”... escucho. Dicho y hecho. Sube el ritmo de sus embestidas. Su mano no suelta mi polla. Gime fuerte y se corre. Pequeña pausa. Sale y veo su polla con leche acumulada en la punta del condón. Se lo quita y se tumba a mi lado. Me mete mano. Sigue cachonda. Agarro su polla y la meto en mi boca. Su erección apenas ha bajado. Me como sus pelotas. Se gira y busca la posición del 69. Mamada mutua en la que ella también se come mis huevos. Me apetece lamer su culo. A mi propuesta dice que no. Llevo algo de barba y parece que le molestará. Continúo mamando y mirando como ella hace lo mismo. Se incorpora y coge otro condón. Enfunda y se tumba boca arriba. Me pasa el lubricante para que lo reparta en mi culo. Así lo hago. “Siéntate en mi polla”... escucho. Su misil apunta al cielo. Mirando hacia ella, elevo mi culo y me dejo caer. Vuelvo a estar empalado. Repito postura. Rodillas hacia delante y nalgas sobre la planta de mis pies. Subo y bajo. Ella empieza a follarme, agarrando otra vez mi polla. Siento mucho placer y pido más caña. Me la da. Pongo su otra mano en uno de mis pezones. Sin necesidad de pedirlo, empieza a pellizcar. “Eres un cachondo”... me dice. Al comprobar que me mola, los retuerce con saña. Voy directo al orgasmo. “Dame, dame, dame”... repito sin cesar. Y ella cumple. La visión de sus tetazas y su mirada, me hacen explotar. Chorros de leche impactan en sus tetas y cuello. Corrida densa y abundante. Llevaba días sin descargar. Quedo exhausto. Aún empalado. Safira coge un rollo de papel y limpia su pecho. Mantengo unos instantes la postura y elevo mi culo. Me tumbo junto a ella con la risa fácil que me dejan los grandes polvazos.

Empezamos a hablar. Nos acariciamos al hacerlo. Yo, todo su cuerpo y ella se centra en mi polla. “¿Quieres beber algo?”... me pregunta. De lo que me ofrece, escojo cerveza. Se levanta y abre la nevera que hay dentro de la habitación. Saca dos latas de cerveza. “Me beberé una contigo”... escucho. “Relájate y tómatela con calma”... me dice. Yo encantado. Charlamos un rato de temas varios. Me gana con su simpatía. A su pregunta de si quiero ducharme otra vez, respondo que sí. Vuelve a acompañarme hasta el baño. Tras la ducha, regreso al cuarto y empiezo a vestirme. Abandono su piso bien contento.


Conclusiones.
Excepcional sesión de sexo. No se sabe lo que puede pasar la primera vez que estás con una chica. Con Safira hubo buen rollo desde el primer momento. Supongo que nos caímos bien. A nivel implicación, lo que más valoro de una profesional, sobresaliente. Me gustaría resaltar su manejo de la situación. Tras la fase inicial de insinuación, gana terreno de manera sutil. Empezó suave y acabó empotrándome en la cama. Muy recomendable.


Added on September 06, 2016 at 12:00 am

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